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ABANICOS ANTIGUOS

Los abanicos antiguos son obras de arte muy apreciadas. Procedentes de los Siglos XVIII, XIX y principios del XX, fueron montados en distintas variedades de nácar, hueso o maderas nobles. En perfecto estado original o con expertas y minuciosas restauraciones. La originalidad y autenticidad están avaladas y certificadas por nuestros expertos de Casa de Diego.

A lo largo de nuestra trayectoria profesional, con más de 150 años de experiencia en el sector de los accesorios para señoras y caballeros desde nuestra tienda de Madrid, en Casa de Diego hemos afianzado la confianza de nuestros clientes, ofreciéndoles abanicos de la mejor calidad. 

Desde Casa de Diego nos gustaría explicarte qué es un abanico antiguo, qué significado tiene en nuestro país, de dónde viene, algunos tipos que han existido, materiales con los que se crean y un largo etcétera de curiosidades e información para que adquieras algunos conocimientos sobre ellos y puedas hacerte con uno en nuestro establecimiento o nuestra web sabiendo la obra de arte que estás adquiriendo.

El abanico es un fetiche romántico y seductor que tras un periodo de obsolescencia ha recuperado actualidad. Las mejores piezas realizadas en marfil con incrustaciones de oro rivalizan con otras pintadas a mano por los mejores artistas del XVIII y del XIX.

En España se encuentran abanicos desde el siglo XV. Los abaniqueros de Madrid formaron el primer gremio y en 1802 se creó la Real Fábrica de Abanicos en Valencia. En el siglo XIX se expande el uso del abanico relacionado con la indumentaria castiza o popular al tiempo que resultaba imprescindible para la clase más refinada, usado tanto por hombres como por mujeres, a este hecho contribuyó considerablemente la producción mecánica valenciana.

Los denominados abanicos alfonsinos tienen un varillaje de nácar, hueso y, a veces, de madera; para el país es frecuente el tul, encaje y la gasa; aparecen en la decoración jóvenes con túnicas al viento muy ligeras, anticipando el modelo modernista, el amorcillo revoloteando o la joven en el aire entre nubes.
Los más elegantes suelen ser los del XVIII, su decoración es menos recargada. También son muy refinados los españoles Carlos IV. Por otro lado, los abanicos europeos del XVII y XVIII no suelen conservar su estuche, solo algunos del XIX mantienen la caja y sí es frecuente el estuche en los chinos de Cantón para la exportación, su caja suele ser de madera lacada con adornos dorados y por dentro forrados de papeles pintados o de sedas bordadas; estos estuches no encarecen el abanico, sino que aumentan su valor.

La edad de los abanicos se pierde en el tiempo como también lo han hecho millones de piezas, pero por fortuna los coleccionistas y museos se han encargado de conservar estas obras de arte. Inmaculada Manfredi atesora una de las mejores colecciones de abanicos de España y de otras piezas relacionadas con los mismos, como cuadros, postales, sellos, carteles, etc.

Los abanicos japoneses y chinos son verdaderas obras de arte, algunos con varillas impregnadas de fragancias. En América hay que destacar la plumería de épocas precolombinas y los que aún se siguen haciendo en Venezuela y Ecuador con fibras trenzadas y plumas de aves de muchos colores. Los alemanes del siglo XVIII son muy curiosos, inventaron una varilla central hueca donde ponían unos muñecos que se asomaban al tirar de un hilito.

Los abanicos franceses y los ingleses son muy interesantes, sin olvidar los españoles que tuvieron una época de grandes maestros abaniqueros, entre los que destacó Colomina en Valencia.

Los pericones o abanicos de gran formato españoles suelen estar muy bien decorados. Hacia 1800 los abaniqueros madrileños comenzaron a llenar el mercado con pequeños abanicos de madera y hueso que tomarían el nombre de abanicos Imperio, pero las damas demandaron otro tipo de abanicos más acordes con la moda y es cuando aparecieron los llamados abanicos románticos.

Destacamos también los abanicos conmemorativos, se hicieron unos muy interesantes y bellos con motivo de la exposición universal del 29 en Sevilla con las varillas principales forradas en piel y con el país en seda. Los de Primera Comunión son muy curiosos, algunos se hacían con el retrato de la niña.

Los abanicos del siglo XVIII son los que más se aprecian, pero hay que señalar que no hay una gran afición a los abanicos. Se pagan muy por debajo de su valor real. No obstante, en algunos países están considerados como preciosas obras de arte.

La mejor guía para adquirir un abanico es la intuición y el gusto, los buenos materiales como el marfil, el hueso o caoba son una buena inversión. En cedro hay algunos muy bonitos, y existen preciosidades realizadas en baquelita, pero indiscutiblemente los de marfil calado orientales son las grandes joyas.

Antes de que apareciera la impresión se decoraba el país a mano. En los siglos XVII y XVIII eran de un tamaño pequeño y de telas muy delicadas (gasa, tafetán, tul, bordados, encajes, etc y añadían lentejuelas). En el XIX se hicieron populares los de papel impreso al abaratarse su producción, aunque muchos de ellos se terminaban a mano. Después de esta moda se volvió otra vez al uso del satén, las plumas, etc.

Los abanicos más frecuentes en el mercado son los alfonsinos, isabelinos y algunos modernistas, los realizados para la exportación, en menor cantidad los franceses del XVIII y pocos ingleses. Algunos que gustan mucho son los de baraja (no se diferencia el varillaje del país, es todo de una pieza). Las escenas galantes y el papel litografiado son muy frecuentes; los de tela, tul y encaje, etc., son menos usuales. Los abanicos españoles preferidos son los pintados a mano con guache y firmados por algunos de los pintores del XIX. Los más modernos que se venden son los de principio de siglo XX modernistas. En el mercado suelen aparecer muy rara vez piezas del XVII, los más frecuentes son los del XVIII y XIX.

¿A qué esperas para hacerte con uno abanico antiguo? Llévate una obra de arte de manos de Casa de Diego. ¡No te arrepentirás!


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